2° - 47°
Centígrados
700
Metros
No
Fez 470 Km
Primavera
Otoño
Natural
Desierto
Merzouga es esa joya escondida en el Sáhara, donde las dunas de Erg Chebbi se alzan como esculturas doradas en un mar de arena. La atmósfera aquí es un abrazo caliente y salvaje, ideal para despertar los sentidos, especialmente durante la primavera u otoño, cuando las temperaturas diurnas son suaves (25–32 °C) y las noches frescas, incluso frías (12–18 °C).
Llegar no es tan sencillo como aterrizar; Merzouga es un viaje consciente. Los aeropuertos más cercanos están en Errachidia o Ouarzazate con vuelos domésticos o Fez y Marrakech con vuelos internacionales, tras llegar deberás completar la ruta por carretera. Esta travesía, entre kasbahs antiguas, palmerales y gargantas, es parte del encanto: el desvío hacia lo auténtico.
La experiencia cobra vida al caer el sol: una caravana de dromedarios abre el camino por las dunas, y al llegar al campamento bereber, meadas por tambores y té de menta, el cielo parece un manto infinito de estrellas vivas. Este ritual del desierto, comunicado solo por la respiración de la arena y la luz tenue del fuego, se convierte en un instante de puro recogimiento.
Cada mañana despiertas como parte del paisaje. Desde la cresta de una duna, el amanecer pinta el desierto con tonos cálidos, algo que solo entiende el alma. Si deseas ir más allá del duelo visual, puedes explorar el pueblo de Khamlia y su música Gnawa, buscar fósiles en antiguos lechos marinos o contemplar la migración de aves en el lago salado Dayet Srji cuando visitan la región.
Merzouga no es una parada más. Es el lugar donde el paisaje y la memoria del viaje se funden. Es un espacio donde, bajo cielos infinitos, el viajero deja de serlo para convertirse en parte de la historia que la arena narra.

















Deja que el crepúsculo te guíe por dunas doradas mientras el sol abraza el desierto, un ritual de silencio y luz única.
Desayuno junto al fuego, cena tradicional, música Gnawa y un cielo tan claro que parece infinito, una experiencia sin filtros.
Entre cantos milenarios y arena, este pueblo ofrece una cultura auténtica, y cerca podrás ver fósiles prehistóricos que son testigos del tiempo.
Camina al amanecer hasta la cima y contempla cómo las primeras luces moldean el horizonte desértico, una escena que redefine el significado de asombro.
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